Diariamente se desechan subproductos forestales y agrícolas de alto poder energético al tiempo que importamos combustible fósiles. Estos “residuos” pueden aprovecharse, extrayendo de ellos energía al tiempo que evitamos la contaminación que supone su vertido.
Como buen ejemplo tenemos esta estufa que encontramos durante el trabajo de campo; una salamandra de patente andaluza que calefacta un comedor de 100 metros cuadrados en la sierra de Jaén, con temperaturas bajo cero, utilizando como combustible orujo de aceituna, los restos de la molienda del aceite.

Según nos cuentan los dueños de este restaurante de Noalejo, el Rincón de Pepe, antes de colocar este invento completamente autóctono gastaban 25 euros al día en gasoil o electricidad, ahora, a razón de 30 kilogramos de huesos triturados al día y 8 centimos de euro el kilo su consumo ronda los 2,4 euros/día, apenas el 10%. Y es que la eficiencia energética no se trata solo de conciencia ecológica sino de sentido común.

Ya puedes ver un avance del documental Biourb, un relato sobre el proceso de investigación del proyecto de Cooperación Transfronteriza España-Portugal del mismo nombre, una iniciativa promovida por un grupo de arquitectos, ingenieros e instituciones públicas del campo de la construcción y la energía que estudia el comportamiento bioclimático de la arquitectura popular, con el fin de sacar conclusiones científicas que nos permitan reconducir los sistemas constructivos actuales hacia un modelo más eficiente, sano y adaptado a su entorno mediante baja tecnología y materiales locales.

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El techo verde combina la inercia térmica de la cubierta de gran masa y la refrigeración evaporativa, ambas descritas en otras soluciones estudiadas por Biourb.
En la zona de estudio se han encontrado chozos de pastores, llamados también chozas o casitas, así como molinos y otras construcciones que utilizan bóvedas por aproximación de hiladas cubiertas de tierra y una capa vegetal. Este método constructivo se remonta al neolítico, y lo podemos encontrar en Los Millares de Almería o en el Tholos del Romeral en Málaga con más de 4.000 años.
Si bien los chozos de pastores son alojamientos temporales, los molinos como el de Sobradillo o el de Vilarino de los Aires, localizados en la zona de estudio, son construcciones complejas con chimenea y camastro escavado para el molinero o sistemas de desagües y diseño aerodinámico para las crecidas del Tormes.
Actualmente, gracias a sus características bioclimáticas esta solución está siendo muy utilizada por la arquitectura ecológica contemporánea, ya que además de la economía de materiales, produce oxígeno, alimento y depura el agua de lluvia.

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Para localizar los sistemas de adaptación al clima de la arquitectura tradicional buscamos elementos que se repitan en las distintas zonas del área de estudio, analizando sus dimensiones, vuelos, orientación, materiales, acabados… los principios físicos que los rigen y su aporte energético en las distintas épocas del años.

Estas son las fichas con imágenes geolocalizadas de lo que hemos llamado Pórticos Orientados (o Espacios de Transición Orientados) que crean un espacio delante de la casa (en la fachada Sur o Sur-Este) con el que se permite el paso de la radiación en invierno y se impide en verano, al tiempo que protegen la vivienda de los vientos, la lluvia o la nieve.

La cámara térmica hace visible la radiación infrarroja que emite todo cuerpo. Esa radiación que por su longitud de honda no podemos ver a simple vista es lo que conocemos por calor. En este recorrido con la cámara por la casa de corral en Avelón de Sayago, Zamora, se aprecia pasada la media noche como el calor del sol absorbido por la casa durante el día es devuelto a la atmósfera, y como el patio y los soportales conservan esta energía horas después del anochecer en pleno invierno.

Antonio y Laura son nuestros vecinos de Fermoselle, en cuyo barrio judío hemos montado el estudio para el trabajo de campo de Biourb.
Esta simpática pareja obtiene el calor para su casa mediante una caldera de leña de más de 30 años. Esta caldera, instalada en el hueco de la chimenea por otro vecino de Fermoselle, está conectada al sistema de radiadores y se ayuda de una pequeña bomba para distribuir el calor mediante el agua del circuito. Además, al tratarse de una casa tradicional de piedra, que almacena energía en sus muros, el gasto en combustible que tienen al año es de apenas 250 euros. Todo un récord de eficiencia, sobre todo en una comarca donde hay “nueve meses de invierno y tres de infierno” y las viviendas convencionales de ladrillo, aislante y caldera de gasoil gastan unos 1500 euros/año.

Nuestra amiga Amelia, de Abelón de Sayago, nos explica como se construían las casas tradicionales con muros de piedra mientras elabora chorizos con su nieto Rubén. Esta, que fue una de las primeras entrevistas del trabajo de campo del proyecto BIOURB, nos aporta muchos datos importantes, entre ellos quizá el más interesante es el término utilizado en la zona para denominar los muros exteriores del edificio, los de piedra, que llaman AROS, frente a las divisiones interiores, de adobe, que llaman MEDIANIAS. A nuestro entender esta diferencia es una reminiscencia ancestral de cuando las plantas de las viviendas eran circulares, en la Edad del hierro según los yacimientos arqueológicos encontrados en los castros cercanos, y aún en algunos conjuntos de viviendas en pié cuya fecha de construcción solo podemos intuir.